Te esperamos en nuestra sucursal blog

Cinco conversaciones sobre sexo

Para muchos en la actualidad, especialmente para los más jóvenes, el sexo no hay que pensarlo ni conversarlo, solo hay que vivirlo. Sin embargo, si se desea mantener una relación estable y gratificante, la sexualidad no solo hay que experimentarla, sino que hay que hablar también acerca de ella para lograr un mejor conocimiento de la pareja y alcanzar un buen desempeño en la intimidad, que satisfaga a ambos.

1. Frecuencia sexual

¿Siente que desea más encuentros íntimos que los que tiene? ¿O prefiere menos, pero con mayor calidad? ¿Que su trabajo o el rol de madre, padre o hijo, o los de su pareja desplazan el sexo? No se calle, hable con su cónyuge, negocien, porque la frecuencia de las relaciones sexuales genera muchas dificultades: “Yo quiero más, tú no me das tanto”, “¿Cómo vamos a tener sexo si aquí están los niños?”, o “¡tu mamá puede escucharnos”! Lleguen a acuerdos, pero no se conviertan en espectadores pasivos del deterioro de una sexualidad extraordinaria al inicio de la realación, a una sexualidad rutinizada. No hagan el acto sexual por cumplir un requisito, sino, porque lo desean de verdad.

 

2. Prácticas y formas

Converse sobre las prácticas sexuales que más le gustan y acerca de aquellas no lo están haciendo sentir cómodo y diga qué otras no está dispuesto a experimentar. Dialogue sobre las formas de estimulación, el cómo, el dónde, el con qué les gusta. Los sitios, las vestimentas, si con luz prendida o apagada. Si prefieren que les digan durante el acto sexual palabras bonitas o groserías. Si le encanta un ritmo lento, rápido, rudo. Converse si está contento o no con el preludio, lo que le gusta que le hagan antes del coito. Y recuerde que prácticas como sadismo, fetichismo, tríos, swinger, deben ser conversadas y convenidas, no presionadas.

3. Tabúes y miedos

Hay temas vedados en una relación y hay que hablarlos, como el hecho de saber si la pareja se masturba o no. Casi siempre las parejas terminan individualmente masturbándose porque es un tabú contárselo a su cónyuge y a veces es válido saberlo, porque en muchas ocasiones, la misma pareja puede ayudar y esto puede llegar a ser saludable para la relación.

Del sexo mismo incluso no se habla porque se considera sucio, pecaminoso, penoso hablar del asunto. Hay que vencer esos prejuicios. Si es una persona que dialoga libremente con su pareja de la relación sexual le va a permitir conocer cómo funciona su cuerpo, qué le gusta en el sexo, cómo, cada cuánto prefiere y eso es clave.

 

4.Detonadores de placer

Indague sobre esa forma o práctica sexual que le enciende la chispa al otro y detona su placer, para permitirle concluir al final que tuvo un muy buen desempeño. Empiece por conocer bien sus propias zonas erógenas para explorar y conocer las del otro.

Tenga en cuenta que no solo se puede llegar a un orgasmo a través del coito. Muchas son las parejas que lo buscan únicamente a través de esta forma, pero se puede llegar a él también a través del sexo oral, la automasturbación o la heteromasturbación (masturbación mutua) o con la ayuda de un juguete sexual… Hay que hablar sobre todas las otras posibilidades de llegar al orgasmo.

 

5. Cambios corporales

Cuando mujeres y hombres no se sienten atractivos, se han engordado, sienten que tienen un cuerpo defectuoso o han pasado por experiencias corporales difíciles, afectan su desempeño en la sexualidad y se coartan.

Antes que hablar optan por huirles a las relaciones, a no desnudarse, a taparse con la cobija, a no quitarse toda la ropa, a permanecer con la luz apagada. Así que hay que hablar sintapujos, con total desnudez, de los cambios en el cuerpo, de la valía propia.

Ese es uno de los diálogos más incómodos y menos posibles, pero es muy útil a la hora del juego y los preámbulos sexuales que son tan interesantes.